domingo, 22 de diciembre de 2013

Al que se tiene que ir



Dos timbrazos chocaron mis oídos.

Pararon bruscamente mi canto. 

Pausó la melodía.

Subió la ansiedad.

Me acerqué al balcón como Julieta
enamorada, esperanzada.

Enredada entre telas de araña miré
                                    no eras vos.

Desilusionada cerré la puerta balcón.


Me sumergí entre palabras.


y volví a llorar mientras alzaba la voz.


Y así sacarlo todo afuera, como la primavera.


Y canté y lloré y fluí y deje ir a quien se tiene que ir. 




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