Algo parecía distinto pero todo estaba perfectamente acomodado en su lugar, nada había cambiado en absoluto. Sin embargo esa noche no pude dormir con nadie más en mi cama.
No sentía culpa de llevar a alguien más, pero mi cama no callaba y te reclamaba. Me delataba a gritos, quise callarla pero no sabía cómo. Me pedía que alejara esa figura extraña y te llevará en su lugar.
Tire un colchón al costado, coloque sabanas limpias y dormimos en el piso. Ella observo callada.
Hace días que las cosas se complicaron de una manera irracional. Es el poder del desencantamiento, pienso. Pero creo estar cayendo en la realidad. Esa que estuve negándome últimamente. Ahora creo estar más preparada para aceptar el peso de las cosas y por fin dejar de querer ser libre. Esa libertad que no tenía nada más que una carga extra.
Estoy alejándome de todo eso que me tenía sin problemas y enfrentando aquello que tanto me agobiaba. Eso que me dejaba sin aire, que presionaba mi pecho, ahora está presente pero es agradable. O algo así.
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